SaltimBrinco

Saltimbrinco es un juego, donde cada palabra tiene su intención.
Saltimbrinco es un juglar, es una canción.
Saltimbrinco tiene su raiz en Brasil, jugando descalzo.
Saltimbrinco es una luz, es un fueguito.
Saltimbrinco es lo que me de la gana, que para eso lo escribo yo.
Saltimbrinco no salta... vuela.
Saltimbrinco es un bombo y un platillo, música para los dedos de tus pies.
Saltimbrinco es una letanía, una bienaventuranza, una oración laica.
Saltimbrinco entra por tus sentidos y se aloja en algún rincón de tu sombra.
Saltimbrinco es un reproche. Es una rabieta.
Saltimbrinco roba trocitos de cristal del cielo para dejarlos en tu puerta.
Saltimbrinco es mi literatura en las raices de tu boca.
Saltimbrinco es armonía. Es la melodía de mi alma.


Saltimbrinco te da la bienvenida a su casa... ten cuidado con el perro que puede morder.



viernes, 2 de diciembre de 2011

LIBERTAD Y FUTURO


La vida comenzó a parecerse, poco a poco, a esas series sudamericanas en las que cada día es el mismo día y cada persona es la misma persona. Las calles se volvieron amarillas y los rincones se tiñeron del negro del papel gastado de una fotografía. En mi balcón, las golondrinas continuaron cantando la misma canción de cuna que ya no te mece y tranquiliza, sino que atormenta te pone aún más nervioso.

Me sentía atrapado en una vida usada. Una vida gastada.
Hice acopio de todas las fuerzas que se necesitan para no perder la razón, até fuerte el hatillo donde guardaba no mas de cuatro mudas y un recuerdo, y partí de espaldas a la melancolía, en dirección a hacia la libertad, en busca del futuro.
Caminé erguido y firme sobre las plantas de mis pies, que dolían al separarse de su tierra en una indomable sensación de atracción, similar a la que experimentan los imanes por sus polos opuestos.
            Y mi vida se fue alejando.
            Y me fui alejando.

¿O no? O eso es lo que yo creía, porque una y otra vez, tras el cristal de mis gafas de sol, seguía viendo el reflejo de lo que había sido. Siempre la misma película con el mismo y absurdo guión del que ahora huía. El pasado no quería soltarse, y el destino parecía más difuso a cada paso, más abstracto a cada horizonte, más absurdo en cada momento…

Traté a la desesperada de desprenderme de mi recuerdo, pero había apretado tan fuerte los nudos del hatillo que me fue imposible abandonarlo.
Intenté correr tan rápido que ningún monstruo pudiese seguirme, gritar tan fuerte que hasta el diablo se asustase, moverme tan brusco que no pudiese detenerme ni siquiera el viento. Traté de cerrar los ojos tan, tan fuerte que me doliesen los párpados, deseando que al abrirlos me encontrase con una vida distinta.      Pero ahí estaba yo, aferrado a las cortinas de la ventana por donde tantas veces vi pasar el tiempo.

Era inútil aparentar que podía marcharme por la puerta de atrás.
Eché un último vistazo al destino que se difuminaba en el horizonte, en el que tantas esperanzas había depositado, y me resigne a volverme tras mis pasos como el montañero que, después de alcanzar la cumbre, regresa a casa consciente de que allí arriba deja un trocito de su propia existencia.

Y volví a mi taza de café y mi ventana sin cortinas.
Y volví a mis tardes de paseo sacando fotos a las golondrinas atormentadas.
Y regresé a mi olor a lumbre y mis cabezadas en el sillón.
Y me resigne a la luz de una vela que se apaga cuando sopla el viento del norte.
Y tal vez, solo tal vez, alguna vez  pensé que el horizonte solo era un espejo que mostraba el reflejo del que realmente era mi destino… mi libertad y mi futuro.

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